Mexicanas y mexicanos:
Como Presidente de la República, la Constitución me obliga a asistir al Congreso
cada año, a presentar ante los Diputados y Senadores, un Informe sobre los
resultados de la gestión del Gobierno Federal.
En esta ocasión, un grupo de legisladores del Partido de la Revolución
Democrática, impidió que el Presidente de la República pudiera dirigir su mensaje
al Congreso y a la Nación, con motivo del Sexto Informe de Gobierno.
Esta actitud, contraria a las prácticas democráticas y al ejercicio de las libertades,
no representa un agravio a mi persona, sino a la Investidura Presidencial y sobre
todo, al pueblo de México.
En democracia, todas las voces deben ser escuchadas.
En democracia, el Gobierno está obligado a rendir cuentas a la sociedad. Y ese es
justamente el sentido del Informe Anual de Gobierno.
Como exige nuestra Carta Magna, ya asistí al Congreso de la Unión y entregué el
Informe Escrito.
Ante estos hechos, he decidido dirigirme a ustedes, las y los ciudadanos de
México, para rendir cuentas y compartir una reflexión política a la vuelta de seis
años de Gobierno.
La fuerza de nuestra democracia radica en la fuerza de la ciudadanía.
México es hoy una nación de ciudadanos; una nación de mujeres y hombres
libres.
La sociedad ahora es la protagonista de las grandes transformaciones de México.
Su voz es expresión de la democracia que hemos construido.
Durante estos seis años, las y los mexicanos tomamos en nuestras manos la tarea
de fortalecer y dar vigencia plena a la República.
La división de poderes se ha consolidado como el pilar de la nueva gobernabilidad
democrática; como el principio para seguir avanzando por el camino de la unidad,
la paz social, el bien común y la democracia.
Los tres Poderes de la Unión asumimos el compromiso de trabajar, con un amplio
sentido de corresponsabilidad, en la defensa de los intereses nacionales.
Como nunca antes, Legislativo, Judicial y Ejecutivo hemos acatado y respetado
las decisiones que surgen en el seno de otro poder.
La plena vigencia de este equilibrio republicano ha sido un elemento fundamental
para el fortalecimiento de nuestras instituciones.
Hemos ingresado plenamente a la era de la deliberación.
Hoy, las grandes decisiones son producto del debate democrático y de la
corresponsabilidad.
El establecimiento de una presidencia constitucional exigió un difícil ajuste en las
prácticas de gobierno, no exento de momentos de tensión.
El Estado mexicano funciona cada vez más bajo un sistema de pesos y
contrapesos, que se ha convertido en base sólida para la construcción de
acuerdos.
En esta nueva etapa, hemos pasado del federalismo en el discurso al federalismo
en los hechos.
Hemos puesto fin a un centralismo que degradaba la autoridad de los poderes
locales.
Hoy, federalismo significa responsabilidad compartida en la solución de los
problemas locales, con una visión nacional.
La concurrencia eficaz y constructiva de los diferentes órdenes de gobierno
fortalece y engrandece a la República.
Democracia es sinónimo de libertad, y hoy México vive un auténtico régimen de
libertades.
Gracias a la lucha ardua y prolongada de la sociedad, ahora podemos participar,
disentir y decidir, con la dignidad de mujeres y hombres libres.
Las libertades de expresión y de prensa, de asociación y reunión son ya reflejo de
una sociedad abierta y plural. Ahora deben ser también factores de unidad
nacional.

Las y los mexicanos creemos en la fuerza del derecho, no en el derecho de la
fuerza.
Hemos convertido a la ley en el primer instrumento de gobierno y la mayor
garantía de las libertades y derechos ciudadanos.
El respeto a la legalidad no es ni podrá ser nunca discrecional; es la condición
básica del contrato social.
Hoy, democracia es el verbo y el sustantivo de la vida nacional.
La democracia se consolida en el estricto apego a la legalidad; en el respeto a las
instituciones; en el diálogo abierto entre todas las fuerzas políticas y en la toma de
decisiones a través del acuerdo.
Aun siendo perfectibles, las instituciones son el más sólido fundamento de la
gobernabilidad.
Ellas son parte esencial de nuestra historia.
Sin instituciones, la acción ciudadana se diluye.
Sin leyes y sin instituciones, la democracia se aniquila.
Como nunca antes, hoy la gestión pública es verdaderamente pública, de cara a la
ciudadanía.
La transparencia y la rendición de cuentas son hoy puntales de nuestra vida
democrática y preciados bienes públicos.
Gracias a la acción corresponsable de los poderes Ejecutivo y Legislativo, hoy
contamos con una ley y un instituto que promueven la transparencia.
La nueva y creciente participación de la sociedad civil ha sido clave para vigilar la
gestión y el buen uso de los recursos públicos federales.
En la consolidación del Estado de derecho, el Poder Judicial ha sido factor
decisivo para que nuestra democracia ciña su actuar a reglas claras y justas.
El poder judicial ha sido también garante de apego a la legalidad. Sus
resoluciones han dado certidumbre al avance político nacional.
La vitalidad del Congreso refleja la dimensión de nuestra democracia.
El Poder Legislativo ha dado pasos sustanciales para construir un nuevo marco
legal propicio al desarrollo de una sociedad más próspera, justa, equitativa e
incluyente.

Las leyes aprobadas en estos seis años son el fundamento de una nación que
condena y castiga la violencia contra las mujeres; que combate la discriminación;
de un México que afirma la dignidad de los indígenas, los niños, las personas con
capacidades diferentes y los adultos mayores; de un país que garantiza a todos el
derecho a la salud y la educación.
Nuestra democracia se ha fortalecido también con leyes que aseguran la
transparencia y el derecho a la información; con leyes que nos conducen hacia
una economía centrada en el bienestar de las personas y promueven el desarrollo
en el campo, y con reformas económicas que nos dan certidumbre y estabilidad.
Donde imperan la pobreza y la desigualdad, no puede echar raíces firmes la
democracia.
La democracia efectiva sólo se da entre iguales; su consolidación exige la
superación de la pobreza.
La pobreza atenta contra la dignidad de las personas e impide la construcción de
una ciudadanía plena.
Hemos promovido la convergencia de las políticas económica y social, como la
base para construir una sociedad más justa y humana; una sociedad orgullosa de
su identidad pluriétnica y multicultural; una sociedad comprometida a saldar su
deuda histórica con las y los indígenas.
Éstos han sido años de trabajo intenso, para que millones de niños y jóvenes, de
mujeres y hombres hicieran valer su derecho a la alimentación, a la salud, la
educación de calidad y la vivienda; para que pudieran ampliar sus capacidades y
oportunidades.
Ellos son el presente y el porvenir. Su futuro es el futuro de México.
Sin crecimiento económico, no hay desarrollo humano.
El mandato que recibimos de la ciudadanía fue conjugar democracia con
crecimiento económico y equidad social.
Hoy la democracia y la estabilidad económica van de la mano; son el piso firme
del desarrollo nacional.
Gracias a un manejo responsable de la política económica, las y los mexicanos
hemos aumentado el ingreso nacional, reducido la pobreza y mejorado la calidad
de vida de las familias.
También hemos logrado disminuir a niveles históricos las tasas de inflación y de
interés.
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Informes Presidenciales – Vicente Fox Quesada

No hemos endeudado a las futuras generaciones. Por el contrario, hemos
reducido de manera sustancial la deuda pública externa.
Establecimos como meta el equilibrio en las finanzas públicas y, con la valiosa
colaboración del Congreso, lo hemos alcanzado.
Este hecho, inédito en la historia, permitirá que el próximo gobierno inicie con
finanzas públicas sanas.
A través de novedosos esquemas de inversión, juntos, los sectores público y
privado hemos contribuido decididamente a la ampliación y modernización de la
infraestructura nacional.
México cuenta ya con instalaciones que garantizan el abasto energético de la
próxima década. Atendiendo a las demandas de estados y municipios, también
hemos puesto al día la infraestructura de comunicaciones y transportes del país.
Nuestro compromiso ha sido que la política económica esté al servicio de las
personas.
La estabilidad económica ha permitido proteger el ingreso de las familias. Con
mayor poder adquisitivo y créditos a tasas fijas y a largo plazo, más mexicanos
cuentan ahora con una casa digna y con bienes que mejoran su calidad de vida.
Estos logros, si bien insuficientes, son un poderoso aliciente para continuar
nuestra lucha en favor de un México más justo y más próspero.
La democracia es una conquista de la conciencia y de la razón.
Es un patrimonio de todos los mexicanos; un patrimonio que se ha alcanzado con
la lucha de generaciones.
Vivir en democracia es nuestra decisión. Es responsabilidad de todos fortalecerla y
hacerla más eficaz.
La gobernabilidad democrática avanza por la vía institucional. Hoy los conflictos
políticos y sociales se procesan en las instituciones.
La democracia no es un fin en sí mismo; es un medio para consolidar a la nación y
alcanzar el desarrollo que todos queremos.
Los verdaderos demócratas piensan, hablan y actúan con apego a los valores y
las normas de la democracia.
Para ser demócrata no basta proclamarlo.

La convicción democrática se demuestra en los hechos.
Este año ha sido especialmente sensible en nuestra vida política. Es preciso
evaluarlo a la luz de las libertades que nos ha dado la democracia.
El pasado dos de julio, fuimos partícipes del proceso electoral más concurrido y
competido de nuestra historia.
Con entera libertad, las y los mexicanos hemos decidido el rumbo de la nación.
En todo este proceso ha prevalecido un ánimo cívico ejemplar, que da muestra de
la solidez de las instituciones.
El Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación demuestran, una vez más, que son baluartes de nuestra democracia.
Con la participación ciudadana, la democracia se ha fortalecido. Desconocerlo es
negar la voluntad colectiva.
Los ciudadanos son los mejores testigos de este proceso histórico.
México es una nación plural. El mandato de las urnas ha sido por el diálogo y el
acuerdo.
El diálogo es fundamento de la democracia.
En el México democrático, el motor de la transformación es el voto de la
ciudadanía, no el veto a las instituciones.
No se debe someter a la democracia bajo el argumento de la democracia.
No se debe pretender acorralarla por la vía de la intransigencia y la violencia.
Quien atenta contra nuestras leyes e instituciones, atenta contra nuestra historia,
atenta contra México.
Nadie puede decirse a favor del pueblo cuando atenta contra él.
Una sociedad dividida es una sociedad débil; una sociedad incapaz de alcanzar
sus fines; incapaz de atender a los más necesitados.
Todos tenemos la obligación de promover el entendimiento que nos lleve a
encontrar coincidencias, conciliar divergencias, visiones e intereses contrapuestos.
México reclama prudencia, no estridencia.
México necesita que prevalezca la razón, no la cerrazón.

México exige armonía, no anarquía.
Es momento de unidad.
Es momento de unidad en torno a los valores e instituciones de la nación; de
unidad para alcanzar los anhelos de democracia, justicia y bienestar social del
pueblo mexicano.
Por encima de filiaciones y diferencias, tenemos una historia y un futuro comunes.
México es una patria generosa en la que cabemos todos.
En este Sexto Informe de Gobierno, quiero hacer un reconocimiento a las y los
ciudadanos por su voluntad y determinación de vivir en paz y en armonía.
La historia habrá de valorar el compromiso de quienes participaron en la
construcción de la democracia mexicana.
Agradezco a todos los actores políticos y sociales su trabajo comprometido con los
más altos propósitos de la nación.
Cada ciudadano, desde su ámbito de competencia, ha puesto toda su voluntad
para hacer de México la democracia que hoy nos enorgullece.
Hago un reconocimiento a nuestras heroicas Fuerzas Armadas, por su
desempeño eficaz, su lealtad, su estricto apego a la ley y su respeto a las
instituciones.
En democracia, nuestras Fuerzas Armadas han servido a las mejores causas de la
patria.
Estimadas ciudadanas y ciudadanos:
Esta ceremonia republicana merece una reflexión sobre los retos que le esperan al
país.
Los cambios y logros que hemos alcanzado como sociedad son valiosos, pero
incompletos.
Hemos creado instituciones y nuevas leyes. Sin embargo, no hemos concluido aún
las transformaciones históricas que los tiempos demandan.
La pobreza y la desigualdad siguen siendo los principales enemigos de México.
Nuestro país no alcanzará la equidad y la justicia mientras existan comunidades
sin suficientes servicios básicos; mientras aún queden pueblos indígenas en condiciones de marginación; mientras miles de personas se vean obligadas a
emigrar en busca de mejores horizontes; mientras todavía haya mexicanos
discriminados.
La paz y la concordia nacionales exigen mayor justicia social.
La inseguridad es otra de las deudas a saldar. La razón primordial del Estado es
garantizar ese bien público. Para toda sociedad es esencial la protección de la
integridad física, moral y patrimonial de las personas. La aprobación de la ley de
seguridad pública y justicia penal contribuiría de manera determinante a la lucha
contra la delincuencia.
La estabilidad económica no se ha reflejado suficientemente en la generación de
empleos y fuentes de ingreso para atender, sobre todo, las aspiraciones de
nuestros jóvenes. Generar trabajo digno y oportunidades de ingreso
independientes, para todas las familias y personas, continúa siendo un reto para
México.
Requerimos también acordar las reformas que nos permitan acelerar el paso, ser
más competitivos y contar con más recursos para dar respuestas eficientes a las
legítimas demandas de la sociedad.
El futuro está en nuestras manos si privilegiamos la tolerancia por encima de la
intransigencia; la búsqueda de acuerdos por encima de la descalificación; la
voluntad de entender al otro por encima de las divisiones.
La consolidación de la democracia pasa por un reconocimiento de nuestra
pluralidad; por la construcción de un proyecto incluyente de nación, conformado
por todas las propuestas políticas.
México exige la voluntad y el compromiso de todos.
La voluntad colectiva es el sustento de nuestra vida democrática.
Ha sido para mi un honor servir a México como Presidente de la República; es
también mi mayor orgullo.
Ésta es, sin duda, la experiencia más importante de mi vida y la que llevaré
siempre en mi corazón.
En estos seis años de gobierno, me he conducido invariablemente con rectitud,
con respeto a la palabra empeñada y con apego a la verdad.
En todo momento, he dado lo mejor de mí.
En estos seis años, México ha cambiado.
Los mexicanos estamos cambiando a México y México nos ha cambiado.
Después de una larga lucha, hemos convertido a la democracia en nuestro
presente.
Ese será también nuestro futuro.
México será una nación cada vez más fuerte, cada vez más libre y cada vez más
justa.
La democracia ha valido la pena.
La democracia vale la pena.
¡Viva la democracia!
¡Viva México!
